miércoles, 12 de agosto de 2015

Gobernantes y gobernadas

Instituto Superior Del Profesorado Dr. Joaquín V. González
Departamento de Historia

por Rodrigo Blanco y Ezequiel Putelli
Comisión A. TM 2015

Introducción
La historia política de las diversas sociedades occidentales es la historia del hombre y los modos, estrategias, legislaciones que éste configura para organizar esas sociedades. Poner orden a comunidades incipientes, establecer los roles y los lugares de los hombres dentro de las mismas, dictar leyes, organizar la actividad del hombre como ser social y como ser político en relación con esas mismas sociedades, teniendo en cuentas sus particularidades específicas. Ya lo dijo Aristóteles: “el hombre es un animal político” (zoon politikon)[1].
La cuestión radica en que, cuando Aristóteles y todos los pensadores clásicos e incluso modernos, se refieren al “hombre”, a los hombres, no están hablando de “la humanidad”, del modo en que lo entenderíamos hoy en día sino, específicamente, al género masculino. Cuando estos se refieren al hombre, están hablando del “varón”, de aquel ser biológicamente determinado hombre y de las características que lo determinan, biológicas sí, pero a la vez de toda una serie de determinaciones que se le asignan arbitraria y culturalmente.
Hablar de “los hombres”, hoy, no es lo mismo que hablar de varones, por eso cuando leemos ese tipo de referencias en diversos tratados y textos, inconscientemente entendemos que se refieren a la humanidad toda, hombres y mujeres incluidos, sin diferenciar los géneros.
Este es un error sustancial.
Si bien en muchos casos los conceptos aplican tanto para hombres y mujeres, desconocer que fueron escritos sola y exclusivamente para los varones nos lleva a una comprensión errada y a la invisibilización del lugar y rol de las mujeres en la historia y en los procesos sociales.
Así, al abordar los conceptos sobre el gobierno y sobre la política, encontramos que la mujer no existe, o si existe, no es su lugar el mundo público, las cuestiones políticas, de las que, sin embargo, de un modo u otro participa.
¿Qué es la mujer, entonces para estos pensadores? ¿Cuál es su lugar en el mundo y, específicamente, en el mundo social? ¿Qué rol cumple? ¿Cuál es su lugar como “gobernada”?
A estas preguntas intentaremos responder a lo largo del presente trabajo. Focalizaremos nuestro estudio en las obras de diversos autores contemporáneos: Hannah Arendt y Pierre Vidal-Naquet. Para dar una mirada histórica recurriremos a dos autores clásicos que, creemos, focalizan de un modo u otro en la mujer y su actividad social (o la ausencia de esta): Aristófanes y su comedia “La asamblea de las mujeres” y Jean Jaques Rousseau con sus “Emilio” y “El contrato social”.

La Asamblea de las Mujeres: una contradicción pretendidamente cómica
Antes de abordar el acercamiento griego desde Aristófanes[2] es preciso aclarar un punto esencial. “La asamblea de las mujeres”[3] es, fundamentalmente, una comedia escrita por un varón. Un varón griego. Y este dato no es menor. Siempre que un hombre escribe sobre una mujer o, peor aún, sobre las mujeres, lo que tenemos es una mirada de género muy particular y parcializada. Es lo que el hombre entiende que es y hace la mujer. Por lo tanto, en esta obra veremos, con bastante claridad, el concepto y mirada que un hombre, y por qué no, los hombres griegos clásicos, poseen respecto de la mujer y de la manera en que estas llevarían adelante el gobierno.
Lo primero que salta a la vista es la caracterización que el poeta griego hace de la mujer y del hombre. Las primeras: estúpidas, afectas al ocio, muy blancas de piel (por permanecer encerradas en casa), completamente previsibles (todo lo hacen “como antes”, como siempre). Los varones como seres completamente sociales, bronceados (por pasar el día en el ágora, al aire libre), excelentes oradores, pero absolutamente inútiles en el hogar. Hay una clara diferenciación respecto a las labores y ámbitos de cada uno. El ámbito masculino es el público, en el que el hombre se desarrolla con pericia. Sin embargo, en el ámbito privado éste depende casi absolutamente de la mujer, quien se ocupa de preparar sus vestidos y hasta de limpiar sus deposiciones. En la obra queda claro que la ausencia de la mujer en casa del marido genera, en él, una gran incertidumbre. El lugar de la mujer, entonces, es la casa, y por lo tanto no sabe argumentar, no es siquiera capaz de imitar correctamente a los hombres, salvo por la protagonista, Praxágora, quien, en realidad, en comparación con las demás mujeres de la comedia, parece más un hombre que una mujer.
Así queda determinado, para Aristófanes y, en todo caso, para los griegos, el lugar de la mujer, bien definido por oposición al lugar del hombre.
Es interesante notar de qué modo, en esta obra, se presenta lo que sería el gobierno de la ciudad si cayera en manos de las mujeres. El cambio de género en la ciudadanía, a priori, significa la imposición de un concepto de igualdad extrema, una especie de proto-comunismo. Las propias mujeres pasarían a ser, de boca de la misma Praxágora, propiedad de todos los hombres. Queda claro con este dato, y con la descripción de las tareas, que los roles, en lo general, se mantienen. La mujer es ahora un ser político pero sin dejar de ser el alma en el ámbito privado y propiedad del hombre. En otras palabras, la mujer gobierna en función del varón, aunque no sin dejar de legislar beneficios para las propias mujeres.
En fin, el rol de la mujer pasa a ser doble: ahora gobierna la ciudad y gobierna la casa.
Por supuesto, el gobierno de éstas generará espacios para quienes nunca tuvieron nada en oposición a los propietarios de todo y, por lo tanto, generará severos conflictos que serán el eje de la acción.
Finalmente, la igualdad propuesta al comienzo, el gobierno pretendidamente igualitario termina convirtiéndose en un gobierno despótico que, alegando igualdad para todos, obliga a los hombres a hacer cosas que no quieren hacer, a entregar lo que les pertenece, lo que genera gran desconfianza y diversos conflictos. Las leyes de las mujeres, que parecían tan superadoras, terminan demostrando ser utópicas, injustas e imposibles de llevar a la práctica. Parecían ideales al comienzo pero terminan por revelarse injustas, incómodas, peligrosas, generando la desdicha de los varones quienes quedan a merced de los deseos egoístas de las mujeres.
Y todo esto en el marco de una comedia, llena de alusiones soeces, de gestos vulgares, de lugares comunes. Para el griego, la idea de las mujeres gobernando, daba risa.
Rousseau: androcentrismo, patriarcado y teorización del rol de la mujer en la Ilustración.
El autor ilustrado[4], habiendo escrito más de mil años después de Aristófanes, y siendo hijo del Renacimiento y la Ilustración, no se aleja casi nada de los conceptos por éste vertidos. Sigue sosteniendo el patriarcado como el sistema natural y lógico que organiza la sociedad. El ciudadano es libre, igual a los demás ciudadanos, posee derechos y deberes civiles y políticos y, fundamentalmente, es hombre. En su obra más afamada, El contrato social[5], Rousseau afirma que la mujer está ligada a los “roles naturales”, tanto en lo biológico como en lo social. Esto significa que su acción, su lugar en el mundo, su rol, están determinados por el género. De este modo, el hombre pertenece a la esfera de la producción mientras que la mujer a la esfera de la “reproducción”.
La mujer debe estar (y de hecho está) sujeta al varón. De este modo, el varón puede cumplir sus obligaciones políticas y sociales, mientras la mujer se ocupa de la administración del hogar (y en las clases menos pudientes de todas las tareas del hogar). Principio ya expresado muchos siglos antes por el propio Aristóteles, quien sostiene que el ámbito de la mujer está en el hogar de tal modo que el varón pueda ocuparse de sus responsabilidades públicas.
La mujer en casa, el hombre afuera. Lo doméstico y privado es lo femenino, lo público, lo masculino.
Sí, la mujer gobierna… sometida al hombre y sólo en el ámbito privado. Gobierna en casa, donde, además, está doblemente sometida: a su marido y a sus gobernantes, ambos varones.
Por otro lado, en su obra “Emilio”[6], Sofía es el prototipo de mujer de Rousseau, caracterizada por ser el opuesto complementario de Emilio, el prototipo de hombre, priorizando la división sexual del trabajo. Estas no pueden acceder al espacio público ya que no las considera ciudadanas ni sujetos de derechos por no cumplir con los requisitos impuestos y por pertenecer a otro ámbito, diferente al público.
De este modo, el autor establece una estratificación de roles de género que determina lo que hace hombre al hombre y lo que hace mujer a la mujer (más allá de lo biológico), estableciendo entonces los lugares que estos ocupan en el mundo.
Según Rousseau, el sometimiento de la mujer al varón no debe ser por la fuerza sino que debe surgir por consentimiento, por aceptar ésta su rol intrínseco sujeto al hombre, servil al hombre. La mujer ideal, para el autor, se caracteriza por la castidad y la modestia, su ámbito es el doméstico, su autoridad el hombre (su padre primero, su marido después) y debe sujetarse a la opinión del varón. Siguiendo este razonamiento, establece que la “mujer virtuosa” es aquella que sabe controlar sus pasiones sexuales, que pertenecen a su naturaleza intrínseca. Lindas maneras de teorizar el sometimiento de la mujer y convertir en virtudes cuestiones que no son en absoluto dignas.
“Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”… frase hueca y carente de sentido, pero rebosante de esa “cordialidad y virtud” mentirosa que el patriarcado inventa para justificarse y legitimar el sometimiento. La caballerosidad es un excelente ejemplo de esto. Y sus inicios están en el mismo momento de configuración de las primeras comunidades, recibiendo una fuerte teorización luego del oscurantismo. Es muy llamativo que durante la “era de las luces”, cuando tantos tabúes caen y tantos conceptos son replanteados, repensados e incluso modificados, el rol de la mujer permanezca en las sombras, intocable, sin cuestionamientos. En vez de cambiar las cosas, en este sentido, lo que se hizo fue legitimar, teóricamente, el sometimiento de género que por milenos caracterizó a las sociedades patriarcales.
Para Rousseau, el contrato social es aquel que corresponde al hombre, al varón como ser social, como quien se desenvuelve en sociedad. Para la mujer serán el contrato sexual y el contrato matrimonial. El varón necesita la sujeción de la mujer para poder desarrollar su rol social, político y comercial. Y aunque desde lo teórico puede comprenderse, la pregunta que sigue dando vueltas es: ¿qué quiere la mujer? ¿por qué no puede ella decidir sobre su propio rol, sobre su cuerpo y sobre el mundo?
Estas son profundas y complejas preguntas y no es el fin de este trabajo responderlas. Sin embargo, reflexionar en ellas es importante, interesante y necesario.

Vive la petite difference![7]
Lamentablemente, el paso del tiempo no garantiza que los conceptos, las ideas y las teorías cambien significativamente. El mundo de hoy todavía reproduce, casi sin cuestionamientos cotidianos y significativos, los mandatos patriarcales que ya hemos mencionado. Y en alguna medida este es el caso de Hannah Arendt[8], quien siendo una filósofa, una mujer de las letras, historiadora y pensadora política, no ha abordado jamás el tema puntual del rol femenino. Habiendo tenido chance, habiéndose acercado mucho al tema, jamás lo abordó. Y de hecho, sus biógrafas y biógrafos la retratan como una mujer muy conservadora respecto a cuestiones de género. Para muestra, un botón:
“… siempre he pensado que existían actividades determinadas que no convenían a las mujeres, que no les iban bien, si puedo expresarme así. Dar órdenes no conviene a una mujer y es por ello que debe esforzarse por evitar tales situaciones si quiere conservar sus cualidades femeninas[9].
A lo largo de su obra “¿Qué es la política?”[10], la autora hace constantes referencias al hombre. Llamativo. Por supuesto que no deja de ser valorable su mirada de la política y el gobierno de los hombres, siendo ella misma una mujer. Conservadora, pero aún así, mujer.
Y en este sentido, hay un concepto que quisiéramos rescatar y que explica los diversos sometimientos de los que diversas minorías, incluidas las mujeres, han sido víctimas. Según la autora, para que “el hombre” fuera libre debía estar libre de las obligaciones. Esto en sintonía con el concepto sostenido por los pensadores griegos y por el mismo Rousseau. La mujer tomaría, de este modo y aunque la autora no lo diga, el mismo lugar que ocupaban los esclavos: quienes vivían en un estado de constante violencia, de penuria y sometimiento sin cuestionamientos posibles.
La libertad del varón, entonces, significa la esclavitud de otros varones y de la generalidad de las mujeres. Para que el hombre sea libre, entonces, es preciso el sometimiento de cualquier elemento social que coarte esa libertad.
La libertad se basaría, pues, en la violencia.”[11]
Según la autora, es tarea de “los gobernados” controlar la violencia que el Estado tiene derecho de utilizar para garantizar la “libertad” y bienestar de los hombres (otra vez, en el sentido de varones). La mujer, entonces, siendo gobernada, pero no siendo hombre, posee un doble sometimiento, como mencionamos antes. Posee obligaciones (con su marido y con el Estado) pero no derechos. Sigue siendo el hombre la medida, sigue siendo él quien regula, controla, ejerce el lugar de gobernante y gobernado. La mujer es invisible. Un apéndice del varón. No importa.
En la misma sintonía, el autor Pierre Vidal – Naquet[12] reconoce que en la construcción de “lo político” (específicamente, en la construcción de la democracia) hubo un precio que pagar[13], precio que debieron afrontar las minorías que quedaban excluidas. Si había un “nosotros ciudadanos”, necesariamente debía haber un “ellos no-ciudadanos” ó, porqué no, un “ellos nadie”. Y a esa categoría pertenecen las mujeres, junto a los esclavos y extranjeros. Grupos sometidos, que quedan por fuera de la ciudadanía, que carecen de derechos, que sólo son pasibles de obligaciones.

Conclusión (que no concluye).
Abordar el rol de la mujer a través de la historia es, sin lugar a dudas, complejo. Es necesario hurgar, raspar, escarbar, prestar atención a detalles, hipotetizar, comparar diversas lecturas. En fin, no es una tarea sencilla. La invisibilización, la subestimación, los milenios de sometimiento son los que complejizan el abordaje de este tipo de estudio y de esta temática específica. Sin dudas, los movimientos feministas, las pensadoras de esa corriente, tendrán mucho que aportar sobre el rol social de la mujer, pero aún ellas, para arribar a conclusiones válidas deben dejar de lado determinadas pasiones, posturas políticas, ideales y buscar como se busca una aguja en un pajar, tratando de encontrar verdad en medio de milenios de oscuridad.
La mujer participa de los vaivenes sociales desde siempre. Disfrazada de varón, desde el ámbito doméstico, desde su lugar de esposa, de madre y, ya en el mundo contemporáneo, con un protagonismo, afortunadamente, en acenso.
Sin embargo, su protagonismo público durante todos los milenios de historia fundamentalmente occidental ha sido casi nulo. La política se ha reservado siempre a la esfera masculina. Lo público al varón, lo privado a la mujer. Y en este sentido, como dijimos antes, la mujer ha padecido un doble sometimiento: a su marido y a sus gobernantes.
Podríamos decir que es un ser doblemente gobernado, que debe lealtad y obediencia a dos señores. Y este no es un dato menor. La mujer tuvo que aprender a lidiar con estas cuestiones y el resultado de estas negociaciones, de esta lucha de intereses entre los portadores de derechos (los varones) y las portadoras de obligaciones (las mujeres) ha dado como resultado un tipo de patriarcado legitimado, que aún hoy ordena y delimita nuestras sociedades contemporáneas.
Aún hoy padecemos el sometimiento fruto del patriarcado, que no sólo afecta a la mujer, que nos afecta a todos. Que delimita roles, que nos marca qué hacer y qué no.
Escuchar la voz de las mujeres sigue siendo la tarea pendiente. Leerlas, darles espacio, aprender de su lucha, de su historia de sojuzgamiento, de sus maneras de lidiar con ello. Y no se trata de una tarea de los hombres, se trata de una tarea humana. De la mujer escuchando a la mujer, del hombre prestando atención a sus ideas, a sus pensamientos, a su manera de ver el mundo.
En ese sentido, debemos reconocer que este trabajo también es la obra de dos hombres mirando la realidad femenina. De hombres pensando la mujer. Pero hombres que entienden que ha llegado la hora de romper el patriarcado y buscar nuevas fronteras para la convivencia de todas y todos los seres humanos, en igualdad, en libertad y fraternidad.

 Bibliografía
- Arendt, Hannah (1996) ¿Qué es la política? Fragmento 1. Agosto de 1950. Barcelona, Ed. Paidós.
------------------------------ “Sólo sigue siendo la lengua materna”, transcripción de la entrevista alemana televisada realizada  por Günter Gaus a Hannah Arendt el 28 de Octubre de 1964 en 
Revue Esprit. Nº 42, Junio 1980. pág. 20.

- Aristófanes, (1996) La Asamblea de las mujeres ó Las Asambleístas. Atenas. 392 AC. Madrid, Ed. Clásicas
- Castoriadis, Cornelius. (2006)  “El pensamiento político” en Lo que hace a Grecia: de Homero a Heráclito. Buenos Aires. FCE. 

- Comesaña Santalices, Gloria M. (2001) Lectura feminista de algunos textos de Hannah Arendt. Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela.

Rousseau, Jean - Jaques (1999) El contrato social ó Principios del derecho político. Francia. 1762. 
Madrid: Espasa Calpe. 

- Rousseau, Jean - Jaques. Emilio ó De la educación (2000) Francia. 1762. Versión digital: El Aleph, Buenos Aires. 2000. Descargado del siguiente sitio web: www.educ.ar

- Vidal - Naquet, Pierre. (1994) "Una invención griega: la democracia" en Revista Vuelta, Nro. 209, Abril de 1994, pp. 21-27



[1]Interesante frase que profundiza sobre el significado y sentido del término:
 “En lenguaje moderno, lo que dice Aristóteles [cuando se refiere a ‘anthropos zoon politikon’] es: el hombre es un animal instituyente que no existe más que por su pertenencia y su participación en la comunidad instituída que se autoinstituye (se da sus leyes)”.  
Castoriadis, Cornelius. “El pensamiento político” en Lo que hace a Grecia: de Homero a Heráclito. Fondo de cultura Económica. Buenos Aires. 2006.
[2] Aristófanes: Atenas, 444 a. C. - 385 a. C. Principal exponente del género cómico de la Grecia clásica. Contemporáneo a la Guerra del Peloponeso, época de gran esplendor del imperio ateniense pero también de su consecuente derrota a manos de Esparta. Vivió tiempos de grandes cambios que, sin dudas, se reflejan en su obra.
[3] Aristófanes, La Asamblea de las mujeres ó Las Asambleístas. Atenas. 392 AC. Versión en castellano provista por la cátedra.
[4] Jean-Jacques Rousseau (Ginebra, Suiza, 28 de junio de 1712 - Ermenonville, Francia, 2 de julio de 1778) fue un polímata: escritor, filósofo, músico, botánico y naturalista franco-helvético definido como un ilustrado, a pesar de las profundas contradicciones que lo separaron de los principales representantes de la Ilustración. Las ideas políticas de Rousseau influyeron en gran medida en la Revolución francesa, el desarrollo de las teorías republicanas y el crecimiento del nacionalismo.
[5] Rousseau, Jean Jaques. El contrato social ó Principios del derecho político. Francia. 1762. Versión en castellano provista por la cátedra.
[6] Rousseau, Jean – Jaques. Emilio ó De la educación. Francia. 1762. El Aleph, Buenos Aires. 2000. Descargado del siguiente sitio web: www.educ.ar
[7] Frase de Hannah Arendt respecto de la diferencia entre hombres y mujeres, que defendía abiertamente.
[8] Johanna Arendt (nombre original, Linden-Limmer, 14 de octubre de 1906 - Nueva York, 4 de diciembre de 1975), filósofa y política alemana y estadounidense, una de las más influyentes del siglo XX.
[9] Revue Esprit. Nº 42, Junio 1980. pág. 20. “Sólo sigue siendo la lengua materna”, transcripción de la entrevista alemana televisada realizada  por Günter Gaus a Hannah Arendt el 28 de Octubre de 1964. Este fragmento en castellano ha sido tomado de Lectura feminista de algunos textos de Hannah Arendt, trabajo de investigación académica realizado por Gloria M. Comseaña Santalices de la Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela. 2001.
[10] Arendt, Hannah. ¿Qué es la política? Fragmento 1. Agosto de 1950. Material provisto por la cátedra.
[11] Ibídem.
[12] Pierre Vidal-Naquet (París, 23 de julio de 1930 - Niza, 29 de julio de 2006). Reconocido historiador francés especializado en la Antigua Grecia.
[13] Vidal-Naquet, Pierre. Una invención griega: la democracia. Abril 1994. Material provisto por la cátedra.